sábado, 19 de diciembre de 2009

GARCÍA LORCA, LA HISTORIA ‘INTERESADA’

Las excavaciones en busca de los restos de algunos fusilados de la guerra civil en el paraje de Alfacar, entre ellos los de Federico García Lorca, han concluido sin la aparición de restos humanos.
Quizá lo menos importante sea averiguar dónde se encuentran los restos de García Lorca, aunque para un historiador se trate de un dato irrenunciable. Ni aquí vamos a obsesionarnos si están en parajes próximos, como las especulaciones siguen abonando, o la familia los trasladó a la huerta de San Vicente.
En la fosa más renombrada, entre las miles que sembró la tragedia de la guerra civil en España, sólo se ha encontrado tierra y rocas. La montaña de leyendas a que ha dado pie dicho paraje se ha derrumbado como un castillo de naipes. Mas así es la investigación histórica. Tras mover montañas de legajos en un archivo es probable que encuentres, o no, el documento o el dato que necesitas para construir el análisis y el argumento. Nadie que lo haya experimentado podrá decir que la investigación histórica es una tarea fácil.
Para un historiador este resultado no constituye fracaso alguno, pues quien esté acostumbrado a bucear en las fuentes historiográficas, como base de su trabajo para reforzar una investigación, sabe que el hecho de no encontrar un dato que se busca no es más que un logro que sirve para descartar o reafirmar un análisis.
Otra cosa distinta es lo que parece haber ocurrido con muchos de los que se han dedicado a reconstruir la vida de Federico García Lorca. La constatación de que no existen restos humanos en este paraje, señalado por algunos con atrevida certeza, es una muestra de que entre lo mucho que se ha escrito sobre el poeta se han dicho cosas con demasiada ligereza intelectual y escaso rigor científico e histórico.
Sobre el poeta ha caído en los últimos decenios una caterva de ‘historiadores’ aficionados buscando a ver quien lanzaba el dato más novedoso o la idea de mayor impacto mediático. Son muchos los ‘opinadores’ acerca de la figura de Lorca y pocos los que han fundamentado lo que dicen.
En muchas de las obras que se han publicado sobre Lorca ha primado la conjetura, la especulación, el argumento imaginado. Muchas de las fuentes se basaban en informaciones orales, sin mucha base científica, o vivamente interesadas. Es por ello que algunos han asumido datos sin contrastar y opiniones que sonaban bien al oído, más se diría que con el único objetivo de rellenar páginas que escribir una rigurosa biografía sobre Lorca.
Nuestra joven democracia trajo también consigo, entre otras cosas, una justificada avidez por recuperar personajes que el régimen franquista había exiliado o eclipsado. Hubo quien se lanzó a escribir sobre Lorca, Machado, María Lejárraga o Mariana Pineda y, si era la recuperación de la memoria de muchas mujeres arrinconadas por la historia, con mayor insistencia. Muchas de estas incursiones en la vida de tanto personaje se hicieron por parte de advenedizos ‘escribidores’, que se sumaron al fenómeno de biografiar a hombres y mujeres sin más base histórica que algunas notas sueltas de archivo, fuentes orales de dudosa credibilidad y unas ganas tremendas de alcanzar popularidad a costa de fantasear e inventar ‘historias’ de impacto en alguno de esos personajes históricos. Y a fe que encontraron un auténtico filón para alcanzar cierto renombre.
Es más que probable que muchas de esas biografías serían incapaces de aguantar un mínimo cotejo acerca de su base histórica y documental.
Mal que me pese, la reconstrucción histórica de la figura de Lorca ha adolecido del concurso de los historiadores y, por ello, creo que el conjunto de biografías de Lorca se ha resentido. Por eso, desde la perspectiva de un historiador, mucho de lo que se ha dicho sobre Lorca y otros personajes se debe poner bajo la etiqueta de ‘a falta de confirmar’. El historiador no proporciona más datos que aquellos que hayan sido corroborados por una fuente histórica, acaso siguiendo una de las enseñanzas del insigne historiador francés Marc Bloch. Suposiciones y conjeturas no hacen la historia.
Se dice ahora, al hilo de la ausencia de los restos de García Lorca en la fosa excavada, que hay que reescribir la historia. Reescribirla, si se hubiera escrito ya. Porque es más que probable que la verdadera historia no se haya escrito aún, y sí: relatos imaginarios que quedan muy bien para foros de tertulianos.
Ahora bien, tras lo ocurrido, alimentar leyendas con este asunto de la excavación fallida –si son mediáticas, mejor–, me parece ideal. El enigma acerca de dónde se encontrarán los restos de García Lorca a buen seguro seguirá alimentando la especulación y la fantasía. Y cualquier sociedad también necesita una dosis de ello.
No obstante, la Historia es otra cosa, y se escribe con otro fundamento que nada tiene que ver con la pantomima.
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* Esta entrada, ampliada, ha sido publicada en Ideal el 22-12-2009.

viernes, 11 de diciembre de 2009

ÁNFORAS

Con este título, Goya Gutiérrez nos presenta un libro cargado de una poética con la vida como trasfondo, donde la palabra es protagonista en el tránsito que alcanza la vida y la muerte.

En la contraportada de Ánforas (Devenir, 2009) podemos leer: “Un viaje interior desde el "yo" al redescubrimiento del otro sujeto poético, el "tú"…. Un viaje que abre una puerta a la esperanza y a la celebración del mundo a través del canto a la creación y a la palabra poéticas”.
Ese viaje a muchas partes que se imbrica como una constante a lo largo de la obra en poemas De este rebelde olvido, Escribiendo lo que huye, De parada y destino imprevisibles… y, sobre todo, En el regreso.
Goya Gutiérrez busca regresar probablemente de ese viaje que la lleva al interior de las personas para redescubrir paisajes ya vividos, tiempos cargados de sensaciones, sueños que no acaban, dolor que no se olvida… todo para llegar a unos ojos:

“Y qué daría yo por llegar a esos ojos
bien ligera despojada de excesos y de metas
Y no dolerte seguir urdiendo hebras de vidrio
para tu ánfora cubierta de orificios”

Goya Gutiérrez me ha obsequiado con su poesía, y a mí me place poder compartirla con vosotros.