martes, 22 de octubre de 2013

EDUCACIÓN Y REFORMA

De la educación se habla con frecuencia en la prensa, en la radio, en las tertulias televisivas, en las tertulias domésticas…, y casi siempre en sentido negativo. Y se hace así cuando se suscita la polémica por algún tema que le afecta. Nunca, o casi nunca, se habla para ensalzar el buen trabajo que se hace en la escuela. ¡Cómo se va a valorar entonces la educación en este país, si públicamente recurrimos siempre al comentario negativo, a la descalificación, a lo mal que está todo! Hubo un tiempo en que cuando se hablaba de educación sólo se hacía en términos de desastre, de alumnos que no saben, de violencia escolar, de fracaso escolar.

La otra tarde me tocó hablar de educación y reforma en una sesión organizada por el Ateneo de Granada. Lo hice a través de ese libro clásico de Seymour B. Sarason, El predecible fracaso de la reforma educativa (1990). Y hablando de las razones que expone Sarason para evidenciar el fracaso de las reformas me refería de cuando en cuando a las reformas educativas que hemos tenido en nuestro país en los años de nuestra reciente democracia, y concluía que ninguna había tenido el éxito que columbraban los reformadores. Porque las reformas habidas nunca han hablado de reformas, han hablado de todo lo que rodea a la educación menos de educación. Y porque las reformas se diseñan casi siempre desde despachos atrincherados en intereses muy interesados, y no desde las escuelas.

La educación lleva toda la democracia metida en las trincheras. Es ahí donde le gusta que esté a los partidos políticos. Allí donde les permite ese juego de fuego cruzado con el adversario, ese indecente juego de utilizar la educación para atacar al contrario. Menos mal que otros, entre ellos los docentes, la tienen aupada en los desvelos que profieren a diario con sus alumnos para salvar un poco los muebles, que si no…

En el debate que se suscitó en el acto del Ateneo se habló de por qué la educación en España tiene que ser ese muñeco de feria sobre el que se lanzan no sólo bolas de trapo, también otras más contundentes, como intereses espurios, desconsideradas críticas y hasta desprecio por la labor docente. Y asimismo se lanzan decisiones políticas para situar a ineptos e ineptas al frente de un ministerio o de una consejería de educación. Y se utilizan esos cargos públicos como cambalache en los juegos de poder entre facciones políticas para colocar a quien no tienen hueco en otro espacio político.

¿No les va a gustar a estos que manejan los hilos tener la educación siempre metida en las trincheras de la confrontación?

miércoles, 16 de octubre de 2013

DOCENCIA, O LA NECESIDAD DE ESTAR AL DÍA EN LA VIDA

Hoy he estado impartiendo una ponencia en un curso sobre la actualización de la función directiva. El Plan de Formación del Profesorado ha sido el contenido que he abordado. He vuelto a experimentar el placer de ejercer la docencia, esta vez ante un numeroso grupo de directores y directoras. Siempre le queda a uno ese recuerdo amable de las clases que preparaba, de las sesiones con los alumnos, del contacto que ello significaba con vidas en ebullición, inquietas, insolentes y retadoras frente a la insípida quietud conformista del adulto. Está claro que lo de hoy nada tiene que ver con aquello, pero ha merecido la pena, aunque nada más haya sido por el hecho de volver a experimentar ese acto de comunicación que representa el desarrollo de una clase.

Hemos hablado de lo importante que es la formación permanente en el profesorado. Esta profesión, estoy convencido, tiene que estar más al día que ninguna otra. Tiene que estar al día no tanto en cuestiones científicas y didácticas, que también, tiene que estar al día en la vida, porque vida es lo que aportan las generaciones y generaciones de alumnos que pasan a lo largo de la vida profesional de un docente. Y todas son diferentes, cada generación es parte de su tiempo, viene con unas expectativas distintas, afronta la vida de una manera peculiar, mientras nosotros, los docentes, parece que seamos los mismos, que estemos siempre ahí, inalterables, como esfinges que perduran en las puertas de entrada a una ciudad; y ellos, los alumnos, entretanto, pasando y pasando sin cesar, mostrándose cada uno tan diferente, tan único.

Hoy he hablado de lo importante que es que un docente no se descuide en estar al día en la vida, porque la vida es ese continuo que gira sin parar, que pasa ante nosotros sin avisar, a veces con alguna novedad inesperada, y ante ello se ha de estar preparado, aunque sea sólo como el reflejo noble de nuestra actitud.

martes, 8 de octubre de 2013

EL CRISTAL CON QUE SE MIRA

Los tiempos que corren nos empujan a la reflexión. Se han caído tantos tópicos y tantas certezas que nos parecían tan sólidas, que vivimos en una incertidumbre como no recuerdo desde hace mucho tiempo. Son tiempos en que el hombre se ha hecho más lobo para otro hombre, como no recordábamos en nuestro mundo occidental tan próspero, acomodado y protegido como nos lo habían vendido. Fuera de él sabemos que esto es corriente, porque en ese otro mundo disfrutan menos de los derechos humanos que a nosotros nos parecían tan inmortales.

Hace unos meses Antonio Muñoz Molina nos ofrecía sus reflexiones en Todo lo que era sólido sobre ese pasado que es tan sólo de hace unos años. Pensábamos que íbamos a ser eternamente ricos, que nuestros derechos habían derrotado a los poderes del mundo, que los partidos políticos trabajaban por nosotros, que nuestra seguridad como usuarios de una situación de bienestar nos permitía tenerlo todo… Pensábamos que la civilización había llegado a la cumbre en el disfrute de los bienes de la tierra y de las ventajas de la ciencia.

Hoy es Juan Vida quien reflexiona con la exposición El cristal con que se mira (Biblioteca de Andalucía, Granada) sobre lo que somos cada uno de nosotros y sobre esta sociedad de cartón piedra que nos habían vendido como el paraíso de las fuentes inagotables. Y que a poco que ha aparecido una de esas tormentas tropicales, que asolan las costas de las islas caribeñas, mexicanas o de cualquier otra desgraciada zona de azotes periódicos de la naturaleza más bravía, en forma de movimiento financiero, la ha hecho derrumbarse hasta desencantarnos y hacernos ver que ese mundo no volverá.

En esta exposición de Juan Vida asistimos a ese proceso reflexivo al que acudimos cuando el mundo se nos tambalea y no sabemos lo que hacer con él. Ahora que este mundo parece devastado por un ciclón que lo arrastra todo, y que ningunea a los seres humanos subidos en una barcaza cargada con más de quinientos inmigrantes cerca de la costas de Lampedusa, en los que parece no reparar nadie así que pasen veinte pesqueros, aun cuando zozobre hasta hundirse y mueran más de la mitad de sus ocupantes, ahora en ese mundo, quizá como consecuencia de esa devastación, no nos quede espacio para otra cosa que no sea la reflexión. Y es que el poder bronco y tirano se ha hecho demasiado fuerte.